Me sorprendo al mirar brazo y descubrir (en veinticinco años no me he fijado) que está formado por parches de carne mal remendados entre sí. Me levanto la manga de la camiseta y veo que el puzzle apócrifo de mi cuerpo prosigue, y me la quito y veo que el torso es un mapa de la mentira humana, que yo entero soy falso. Soy una suma de tristezas cosidas sin preocupación, soy todas las naciones codiciosas del alma. No me define una idea o una emoción: soy el conflicto en las fronteras de mis piezas.
¿Quién…?
¿Quien tuvo a bien de crearme según este patrón de locura o sensatez? Soy un golem bien hecho de desesperanza y sonrisas. Quizás soy la envidia de la creación, pero también soy sólo un archivo de emociones.
Por distracción o curiosidad estiro de uno de los hilos que sobresalen y dejo que poco a poco, palabra a palabra, allí donde te he echado de menos se vaya descosiendo un corazón que no es mío. Voy dejando que las partes de mi vayan cayendo al suelo. De repente no te echo de menos, de repente no quiero volver a tocarte. No recuerdo el sonido de tu voz. Unos hilos más tarde no recordaré no recordar cosas así.
Soy un artificio, o siempre lo fui y ahora me doy cuenta. Ahora me deleito descubriendo esta nueva forma. Las venas alimentadas de aceite, las oquedades de mi mente donde antes había pasión o lealtad…
Puedo tocar. Puedo tocar la memoria. Puedo arrancar mi memoria. Aún más: Puedo coserme piezas nuevas. Los recuerdos de otros, recuerdos mejores, hacerlos míos. Si, seré un archivo de lo ajeno, pero aun así sere la creación perpetua, sin errores imborrables.
No entiendo del todo este dedo índice izquierdo.