Mi primer recuerdo es el de las ancianas cayendo. Sus abismos.
He visto un error. No me da miedo. Lo desprecio y lo erradico.
Como ir en bicicleta en una excursión infinita, las calles que no empiezan no terminan, y el resto es algo como etcétera y etcétera de posibilidades.
Te podría decir que no estas.
¿Que ha sido de tu voz insistente? Me has borrado de la columna de los mejores donde tenía mi habitación.
Me pregunta un lado de la acera, le contesto que la nada aún tiene eco.
El sentido, el sentido es lo que cuenta…. ya he vuelto al primero.
Hablar de viaje da miedo, porque es todo como salir de torres blancas de nácar. ¡Y yo no se que es el nácar! Y el misterio es tan dulce…
Ellas caen a lo profundo de las vias, empalándose con sus bastones de roble o pino, esperando a que el tren las borre del todo.
En el mundo muchas pieles me rozan, pero no buscan la compañía. Los poros se abren y cierran, se alejan, aur revoir tormenta de caricias, hasta nunca ya lo sabes.
A tus campos de trigo, volver… una vez, y otra vez…
Las caras rectangulares fruncen el ceño cuando se deshacen, primero ceniza, luego un otoño, luego nada de nada… ¿como puedes tener miedo de la nada?
Esos pasos en la noche de la culpabilidad ajena. Un espía tras la cortina de madera que se pregunta quien soy, y yo también.
Nosotros podemos subir de ellos, pero ellas no.
Quizás a lo mejor, después de todo, hayas leído hasta aquí, bajo la roca pendular del lago de sal donde no he estado.
A lo mejor esto te gusta a tí, por eso de ser raro y ser versos con muchas posibilidades; pero no te engañes, también es fraude y no merece la pena ni México.
Dormir en un mundo, solo como todos los que no están solos estando solos (como en aquella canción).
Dormir, al fin, entre los mediocres y los sin rostro.